Por: Frailejón Desnudo
Las mosquitas sobrevolaban el pastel de banano con evidente asco, como queriendo vomitar sobre aquel. Cerca de la hermosa ventana, los zancudos miraban muy celosamente a las mosquitas, envidiándoles la suerte de éstas de poder vomitar sobre aquel asqueroso montón de pastel y crema batida. Pero la azarosa suerte nunca espera, y mientras los zancudos se encontraban observando del otro lado de la ventana, el Baygón del ofendido dueño del pastel se encargó de las horribles moscas, se filtró por debajo de la hermosa ventana y se ocupó también de los desgraciados zancudos. Y después dicen que la vida no es bella…